Un clown es frágil y poderoso al mismo tiempo. Es dueño de sus sueños y dios de su propio mundo. Una mezcla perfecta de vulnerabilidad y seguridad en sí mismo que hace que el público lo ame por lo que es. A tu clown no le va importar si subiste de peso, o si tuviste un pésimo día en el trabajo. En el momento en que le des cabida y lo dejes salir, estará listo para sorprenderte con lo mejor de ti. Verlo es maravilloso, vivirlo es liberador.

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